La columna que hace un tiempo escribió Roberto Perfumo en Olé y que yo impunemente reproduje en el blog disparó debate y polémica. El colaborador involuntario de cabecera de Teléfono desde Estambul, GG, se indignó, se sentó frente a la PC y escribió un mail de respuesta al mariscal, que decidió enviarme para que lo sume al blog.
Le mandé este mail a Perfumo como respuesta a su columna. Si querés subilo al blog antes de que el mariscal hurte mis conceptos. Por cierto, cosa que no le pude decir a Roberto: todos sabemos que los “hombres de Olé bajo el brazo” no saben una poronga de fútbol.…
Coincido casi por completo con las apreciaciones que tuviste en la columna “Al rescate de todos los valores perdidos”, pero quisiera agregar algo teniendo en cuenta la “campaña de Olé tratando de rescatar valores de la condición humana”.
En la nota hablaste de los jugadores, de cómo deben dejar de simular faltas, pedir perdón por un gol al ex club, etc. Pero hay un tema para nada menor que quedó fuera de esa columna en la que se aclaraba lo que debe hacer “un jugador de Olé bajo el brazo”: la violencia en el fútbol fuera del campo de juego.
Muchas veces los futbolistas aseguran que defienden los colores que les toca llevar por que son “profesionales” que se deben a su club. También en más de una ocasión se les escucha decir, quejándose de los arbitrajes, que trabajan toda la semana para que un tipo venga a meterles la mano en el bolsillo.
Profesionalismo, trabajo… está claro que esto ya no se trata de amor a la camiseta.Si hablamos de violencia, está claro que la culpa es fundamentalmente de los hinchas que cometen los hechos violentos. Pero si la culpa es de ellos, la responsabilidad es de muchos más. Si alguien se roba el dinero de una caja de seguridad que está abierta, el culpable es quien toma el dinero, mientras que el responsable es quien no cerró la caja.
Por eso, me parece que es hora de que los jugadores asuman la
responsabilidad que les toca, que empiecen a hacerse cargo de la violencia en el fútbol. Ellos son la parte fundamental este deporte y nunca hacen nada por erradicar la violencia. Algunos reconocen que alguna vez supieron de “alguien” que le dio plata o ropa a la hinchada, que tal vez hayan hablado con los hinchas, pero nunca reconocen haber sido ellos mismos, ni se proponen ser participes de la solución para erradicar la violencia.Algunos jugadores fomentan la violencia con sus dichos, con sus burlas a las hinchadas rivales, con los pedidos de aplausos cada vez que pegan una patada (cosa que todavía lamentablemente sucede).
Claro que no todos los jugadores tienen estas actitudes y no tienen la culpa de que haya violencia, pero tampoco pueden desconocerla. Si cada vez que yo hago mi trabajo se producen hechos violentos que pueden llevar a una muerte, no trabajo más.Todos sabemos que hay hechos violentos y que los seguirá habiendo mientras no se tomen medidas profundas que van mucho más allá de aumentar el número de efectivos policiales en los estadios.
Los futbolistas deberían involucrarse más en el tema y exigir que se tomen las medidas correspondientes. Sobre todo -y usando la misma lógica individualista que guía a muchos de ellos- porque les conviene.