100% lucha!

En un esfuerzo económico sin precedentes en el ámbito del periodismo gonzo platense, Teléfono desde Estambul logró juntar viáticos y enviar a un cronista al suceso deportivo más importante que vivió La Plata en los últimos tiempos: la llegada el microestadio de Atenas de los gladiadores de 100% LUCHA.La tarea recayó en el joven cronista GG, que cubrió el evento munido de anotador, lapicera, gorro con visera, zapatillas deportivas y algunos estupefacientes en el bolsillo delantero de su jean.

Tarde de calor y euforia en La Plata. El día invitaba a tirarse al sol, pero 100 % Lucha se presentaba en el club Atenas y era una ocasión para no desaprovechar. Pasadas las 16, unos minutos después de lo estipulado y en medio de un microestadio atiborrado de niños, comenzó la acción al son de un marchoso y frenético tema musical.

Eduardo Husni dio la bienvenida. Osvaldo Principi informó que la cosa
arrancaba mal: el detestable escocés Mc Floyd junto a 30 de sus compatriotas habían interceptado a Leo Montero en Plaza Rocha y lo mantenían atado a una palmera. “Seguridad!!! ¿Dónde está el Ministro?” reclamó Principi. El dato no es menor: el día anterior, tres oficiales de policía habían sido asesinados en las afueras de la Ciudad.

Pero los chicos no estaban para captar sutilezas. Esperaban exultantes el inicio de las luchas. Al fin y al cabo, se anunciaba que la batalla final sería entre el nacido en Aberdeen y el crédito de Villa Urquiza, Vicente Viloni, por lo que la paliza a Mc Floyd (y la libertad de Montero) estaban prácticamente garantizadas.

Tras la presentación correspondiente llegó el jurado: tres perfectos desconocidos acompañados por EL MAS GRANDE, es decir,  Rubén “Ancho” Peucelle. Los que lo conocen, saben todo lo que significa el Ancho. Los que no lo conocen… bueno, muchachos, no sé dónde estuvieron los últimos 30 años.

Luego de este pequeño momento emotivo (para mí, al menos) vino la primera pelea. La Masa, el actual campeón, contra “Delivery Boy”. Este último, llamado en realidad Braian Sanchez, es un “ejemplo para todos: tiene ocho hermanos, estudia y trabaja para mantener a su familia”. Igual, por más que le enseñó en varios momentos “cómo se pelea en Mar del Plata”, no pudo contra el campeón nacido en Costa Rica, poseedor
de una de las espaldas más grandes que haya pasado por la ciudad.

Después peleó el ghanés, platense por adopción, Musambe Tutu. “No le vamos a preguntar si es hincha de Estudiantes o Gimnasia”, se excusó Principi. Si me preguntan a mí, por la brillante sonrisa del peleador en el momento de escuchar nombrar al lobo, no cuesta imaginar al negro alentando con la casaca tripera. El africano se hizo cargo del Teniente Steve Murphy, un desertor del ejército norteamericano que llegó acompañado por dos simpáticas soldados.

Después se enfrentaron el gigantesco Gorutta Jones (el luchador de
hielo), y el brasilero Dorival Santos Dhoeiro, experto en el arte de la capoeira y un verdadero atleta. El bahiano llegó acompañado por su asqueroso representante, Milton Platao, quien, enfundado en un traje blanco, se burló del público. Fue un empate con sabor a poco.

Luego llegó el turno de la pelea “a la australiana” o doble. Los buenos estuvieron representados por Hip Hop Man, un breaker de la reputa madre, y Fabrizzio Delmonico, modelo italiano por el que mueren las mujeres. Lamentablemente, no pudieron con el misionero Tortícolis y La Mosca, de una agilidad exacerbada.

Y fue el momento de la lucha final. Mc Floy se subió al ring, se levantó la pollera y mostró al público su ropa interior con una bandera de Escocia. Pero el rock and roll comenzó a sonar y de la mano de “Back in Black” apareció Vicente Viloni subido a su Harley para el delirio del piberío.

Luego de una extensa sesión de aplausos comenzó la épica batalla. Se dieron de lo lindo, se partieron en la cabeza sillas y tachos (algo que también hicieron algunos de los peleadores anteriores), se enmarañaron y mezclaron en la platea mientras cientos de niños se abalanzaban para tocarle la melena dorada a Viloni.

Finalmente se hizo justicia: el pelilargo se llevó la victoria y la copa “Ciudad de La Plata”. Mientras Principi anunciaba que le avisaban por línea privada que Leo Montero había sido liberado y que los escoceses se retiraban de plaza Rocha, Viloni se subió a las cuerdas de uno de los rincones del ring y alzó la copa. Todo, mientras sonaba “Can I play with madness” de Iron Maiden. No lloré por que no pude.

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