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Entrevista a Sergio Bergman

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ENTREVISTA CON EL RABINO SERGIO BERGMAN

“Somos pasivos espectadores, nos gusta mirar y no hacer”

De paso por La Plata, el rabino pidió más compromiso y participación de parte de la sociedad civil y reconoció que tiene expectativas con la llegada a la presidencia de Cristina Kirchner

Durante los días más críticos de la crisis de 2001, la ciudadanía actuó catárticamente: salió a la calle, protestó contra los gobernantes y pidió un cambio general en las estructuras políticas. Pero muchas de las ideas que allí se declamaron ya quedaron en el olvido. Entonces, hace falta que la sociedad civil deje de ser una observadora pasiva y vuelva a alzar su voz para recuperar la calidad de vida institucional en el país.

El llamado fue realizado por el rabino Sergio Bergman en el marco de una conferencia que brindó en La Plata, en el marco del ciclo “Occidente y su crisis de identidad” que organiza el “Círculo de los 99”.

Allí, ante un público que colmó la capacidad del salón, Bergman expuso algunas ideas sobre el pasado reciente y la actualidad del país, con el acento puesto en la necesidad de que la ciudadanía se involucre en los procesos políticos y sociales de este tiempo a partir de una recreación del Preámbulo de la Constitución Nacional.

La imagen de Bergman, siempre asociada a su aspecto juvenil y a su colorida kipá, apareció por primera vez en la escena pública nacional ligada a la agrupación Memoria Activa, que ayudó a fundar.

Es farmacéutico egresado de la Universidad Nacional de Buenos Aires, rabino egresado del seminario Rabínico Latinoamericano de Buenos Aires y egresado del Hebrew Union College de Jerusalem. Tiene 45 años, 3 hijos y una larga serie de intervenciones públicas que lo convirtieron en referente de una nueva corriente dentro del judaísmo.

Poco antes de la conferencia, Bergman dialogó con EL DIA y explicó que su trabajo diario tiene como objetivo “reclutar en la sociedad civil voluntades para recrear la política como algo lícito, vigente y necesario”. Pero aclara que transformar la realidad “requiere mucho más tiempo que un cronograma electoral”.

“LA HIPOCRESIA CIVICA”

“El eje del Manifiesto Cívico propone que uno no puede estar siempre a la expectativa, denunciar, reclamar, quejarse y lamentarse como si lo que nos pasara no tuviera que ver con lo que hacemos o dejamos de hacer. Y que hay que hacer una profunda reflexión sobre la hipocresía cívica a partir de la cual somos sólo ciudadanos cada dos años a la hora de votar pero después no sostenemos el voto”, detalla.

“Hay una crisis de credibilidad no sólo respecto de nuestros representantes, que es obvia y manifiesta, sino respecto a nosotros mismos, los representados. Cuando como sociedad actuás catárticamente y lo único que te moviliza es que te pongan la mano en el bolsillo con un corralito bancario y el resto de las cosas las dejamos pasar como pasivos espectadores, las consecuencias son que no podamos sostener la calidad de vida institucional de la República”.

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Sábado, siempre sábado

“Es sábado y leo que Norman Mailer ha muerto. Siempre fue sábado cuando lo vi: dos encuentros largos, separados por doce años. La primera vez fue en un ring de Gramercy Park donde saltaba a la cuerda, golpeaba la bolsa de arena y se entrenaba con José Torres, el ex campeón mundial semipesado. ”

Los apuntes de Tomás Eloy Martínez sobre sus dos encuentros con Norman Mailer son, por lejos, de lo más interesante, revelador y medido que se ha escrito después de su muerte. Controlar el afán necrológico y lacrimoso para escribir con sinceridad y oficio trae mejores resultados.

Y esa foto…

El Gato, bomba sanitaria

En Ringuelet, El Gato ya es una grave amenaza sanitaria

Una oleada de casos de chicos con afecciones dispara la reacción de los vecinos

Primero fueron unas manchas blancas y redondas en los brazos, similares a las que les habían aparecido a otros chicos de la cuadra, que picaban y dejaban profundas marcas. Después, surgieron los dolores de panza y, más tarde, los parásitos. A los pocos meses, se manifestaron los primeros síntomas de la bronquiolitis, la respiración sibilante y la tos continua y poderosa.

La vida de Mariel Morgante (36) estuvo marcada en el último tiempo por los problemas de salud de su hijo más chico, de seis años, quien presenta los mismos síntomas que mostraban, cuando eran chicos, sus otros hijos, dos gemelos que hoy tienen 16. “Cada dos por tres está con broncoespasmos y no puede respirar. Ahora se le declaró asma, igual que a mí. Pero también está el tema de los parásitos y la gastroenteritis”, enumera, con una mezcla de resignación y dolor.

Mariel no tiene ningún papel que lo confirme. Pero está absolutamente convencida de que lo que sufren ella y su hijo de seis años y lo que padecieron cuando eran chicos los gemelos, está relacionado con el estado ambiental del arroyo El Gato, con el que convive prácticamente desde que nació.

“Viví toda mi vida en 515 bis entre 4 bis y 5 bis, a menos de cien metros del arroyo. Y jamás vi lo que se está viendo ahora”, dice. Mariel hace referencia a la aparición masiva de patologías de iguales características entre los chicos de esa zona de Ringuelet, donde el arroyo es una presencia ineludible.

Asma, bronquiolitis, manchas y escoriaciones en la piel, parásitos y gastroenteritis son algunos problemas que afectan a un altísimo porcentaje de la población infantil de Ringuelet que está en contacto con el agua y las emanaciones del Gato. Los casos se repiten en forma abrumadora. “Sólo en mi cuadra hay cuatro familias con chicos que tienen exactamente los mismos problemas. Es difícil que sea casualidad, ¿no?”, pregunta Mariel.

La aparición de una enorme cantidad de chicos con problemas disparó la reacción de los vecinos de la zona. Se agruparon, formaron una ONG (“Por los chicos de Ringuelet”) y decidieron presentarse como particulares damnificados en la causa que investiga la Fiscalía de Delitos Complejos sobre la contaminación del arroyo. Lo hicieron con el patrocinio de los dos abogados que presentaron la denuncia que dio origen a la investigación judicial, Fernando Monticelli y Diego Lacki.

Para los vecinos, el objetivo ahora es poder comprobar que todo lo que les sucede a chicos y grandes está vinculado con el elevadísimo nivel de contaminación de las aguas del arroyo, dejado en evidencia por cada vez más análisis científicos.

Pero, además, esperan que la causa logre que el arroyo vuelva a ser lo que muchos de ellos llegaron a conocer años atrás, “un lugar limpio, en donde hasta se podían pescar mojarritas en verano”, recuerda Mariel.

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Un miserable es un miserable es un miserable

A Darío Gallo, editor ejecutivo de la revista Noticias, no se le ocurre otro razonamiento para analizar la condena al cura Von Wernich que el siguiente: “La puta, le va a dar más votos a Cristina”. Y contrataca con ese concepto repetido en partes iguales por fachos y por imbéciles de “los derechos humanos de hoy”.

Mientras tanto, en su blog nos da consejos sobre periodismo ciudadano y nos invita a mandarle un saludo a los Pumas a través de un videíto. Y nos tortura con esta clase de tapas.

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Una respuesta al mariscal

La columna que hace un tiempo escribió Roberto Perfumo en Olé y que yo impunemente reproduje en el blog disparó debate y polémica. El colaborador involuntario de cabecera de Teléfono desde Estambul, GG, se indignó, se sentó frente a la PC y escribió un mail de respuesta al mariscal, que decidió enviarme para que lo sume al blog.

Le mandé este mail a Perfumo como respuesta a su columna. Si querés  subilo al blog antes de que el mariscal hurte mis conceptos.  Por cierto, cosa que no le pude decir a Roberto: todos sabemos  que los “hombres de Olé bajo el brazo” no saben una poronga  de fútbol.

Coincido casi por completo con  las apreciaciones que tuviste en la columna “Al rescate de todos  los valores perdidos”, pero quisiera agregar algo teniendo en  cuenta la “campaña de Olé tratando de rescatar valores de la condición  humana”.

En la nota hablaste de los jugadores, de cómo deben dejar de simular faltas, pedir perdón por un gol al ex club,  etc. Pero hay un tema para nada menor que quedó fuera de esa columna en la que se aclaraba lo que debe hacer “un jugador de Olé bajo el brazo”: la violencia en el fútbol fuera del campo de juego.

Muchas veces los futbolistas aseguran que defienden  los colores que les toca llevar por que son “profesionales” que se deben a su club. También en más de una ocasión se  les escucha decir, quejándose de los arbitrajes, que trabajan toda la semana para que un tipo venga a meterles la mano en el bolsillo.

Profesionalismo, trabajo… está claro que esto  ya no se trata de amor a la camiseta.Si hablamos de violencia, está claro que la culpa es fundamentalmente de los  hinchas que cometen los hechos violentos. Pero si la culpa es de ellos, la responsabilidad es de muchos más. Si alguien se roba  el dinero de una caja de seguridad que está abierta, el culpable es quien toma el dinero, mientras que el responsable es quien  no cerró la caja.

Por eso, me parece que es hora  de que los jugadores asuman la
responsabilidad que les toca,  que empiecen a hacerse cargo de la violencia en el fútbol.  Ellos son la parte fundamental este deporte y nunca hacen nada por erradicar la violencia. Algunos reconocen que alguna vez supieron  de “alguien” que le dio plata o ropa a la hinchada, que tal  vez hayan hablado con los hinchas, pero nunca reconocen haber sido ellos mismos, ni se proponen ser participes de la solución  para erradicar la violencia.
Algunos jugadores fomentan la violencia  con sus dichos, con sus burlas a las hinchadas rivales, con  los pedidos de aplausos cada vez que pegan una patada (cosa  que todavía lamentablemente sucede).

Claro que no todos los  jugadores tienen estas actitudes y no tienen la culpa de que  haya violencia, pero tampoco pueden desconocerla. Si cada vez que yo hago mi trabajo se producen hechos violentos que pueden llevar a una muerte, no trabajo más.Todos sabemos que hay hechos violentos  y que los seguirá habiendo mientras no se tomen medidas profundas que van mucho más allá de aumentar el número de efectivos policiales en los estadios.

Los futbolistas deberían  involucrarse más en el tema y exigir que se tomen las medidas correspondientes. Sobre todo -y usando la misma lógica individualista que guía a muchos de ellos- porque les conviene.

Mala praxis

Los  juicios por mala praxis ahora son contra  abogados

Cada  vez hay más demandas por errores o mal desempeño  profesional. Datos e historias
En marzo pasado,  y después de un  largo proceso, la Cámara Civil porteña condenó  a un abogado a indemnizar con $20  mil pesos a un matrimonio a  quien tenía como cliente, luego de comprobar que su  mal desempeño  profesional les hizo perder la chance de iniciar una demanda  contra  quien atropelló y mató a su hijo de 19 años, en un accidente  de  tránsito.

El abogado condenado dejó vencer, por negligencia  o por  descuido, el plazo prescriptivo de dos años contado desde  la fecha del siniestro  para promover el reclamo. Los camaristas  subrayaron en su fallo que su  responsabilidad en la extinción  de la acción civil, con un objeto  indemnizatorio, resultaba “incuestionable”.

Fallos  como el de la Cámara  porteña son cada vez más comunes, como  consecuencia de una tendencia que va en  aumento y que genera polémica  y debate en el ámbito profesional: las demandas  contra abogados  por mala praxis o mal desempeño.

Aunque hasta ahora  parecía  un fenómeno ligado estrictamente al mundo de la medicina, los abogados  se enfrentan cada vez con más frecuencia a planteos y reclamos  por parte de sus  clientes ante la detección de una acción -o  en su caso, inacción- que pueda  haber perjudicado sus intereses.

Quienes  trabajan a diario con este tipo  de cuestiones detallan que los  motivos que más frecuentemente disparan demandas  por mala praxis  están ligados a fallas en los escritos, a ausencias en  audiencias  y a desatenciones y descuidos que generan vencimiento en plazos  y  caducidad de instancias.

Y aseguran que detrás del fenómeno  aparece un  cambio en la actitud de quienes contratan servicios  profesionales. “Hay menos  confianza y más información, una combinación  que hace que los clientes cada vez  más se acerquen a consultar”,  explican desde uno de los pocos estudios jurídicos  en el país  que se dedica a patrocinar demandas por mala praxis jurídica.

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Modelo Harvard

El modelo Harvard para mejorar la enseñanza
Lo presentó en el Colegio Nacional una especialista de esa universidad

Hace algún tiempo, en el marco de un experimento científico, investigadores del departamento de Educación de la Universidad de Harvard formaron un grupo compuesto por alumnos con más de 12 años de escolaridad a los que les pidieron que expliquen brevemente por qué en invierno hace frío y en verano calor. El resultado causó asombro: muy pocos estudiantes consiguieron dar una explicación sobre ese fenómeno.

La investigación disparó una pregunta entre los especialistas. ¿Por qué los saberes se hacen más frágiles cuando están fuera del examen o del trabajo práctico? La búsqueda de una respuesta fue el paso inicial hacia el desarrollo de un nuevo modo de entender la educación, más ligada a la comprensión, al diálogo entre las distintas disciplinas y el contacto entre docentes y alumnos en las aulas.

Con esas ideas base nació en la Escuela de Educación de esa universidad el Project Zero, que coordina un grupo de especialistas y cuyos lineamientos y principios ya comenzaron a aplicarse en el Colegio Nacional de La Plata desde 2004.

Ayer, en el salón de actos del Colegio, la responsable de ese proyecto para América Latina e investigadora de Harvard, Verónica Boix Mansilla, compartió sus ideas y su mirada sobre la nueva educación ante los docentes que, desde 2004, vienen intentando aplicar en las aulas.

“Hay mucha necesidad de comprender. Y para lograrlo se requiere la colaboración de distintas disciplinas. La interdisciplinariedad abraza al estudiante en su conjunto” subrayó Boix Mansilla, argentina de nacimiento, formada en la Universidad de Buenos Aires y doctorada en Harvard, donde trabaja codo a codo con Howard Gardner, creador de la teoría de las inteligencias múltiples y máximo responsable del Project Zero.

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